Reflexión
Durante el confinamiento me pregunté en qué invertían su tiempo las distintas generaciones. Los baby boomers, la generación X, los millennials y la generación Z no consumían la información y el entretenimiento de la misma manera. Esa diferencia también importaba a las marcas.
Pero conocer hábitos no basta. David Espeso planteó en Emprendedores que el consumidor esperaba hechos, no más anuncios ni historias bonitas. Comparto esa exigencia: si una empresa dice que comprende la situación de las personas, tiene que demostrarlo en lo que hace.
No hay una sola respuesta válida para todos los públicos. Escuchar los cambios de consumo puede ayudar a ofrecer algo útil, siempre que lo que prometemos coincida con nuestras decisiones.
Ya había reunido otra lectura sobre este asunto en Cómo consumen las distintas generaciones. En una crisis, esa pregunta tiene más valor cuando termina en acciones concretas.
