Reflexión
El big data ya era en 2020 una realidad para las empresas, no una tendencia que debiéramos esperar sentados. Yo veía su valor en la posibilidad de entender mejor cada etapa del negocio y tomar decisiones útiles para las personas.
Pero acumular datos no basta. Si la información compartida no mejora la seguridad, la salud o la agilidad de los servicios, corremos el riesgo de desperdiciar una oportunidad. Los usos sanitarios durante la pandemia me hicieron pensar en lo que podríamos aprender para otros sectores.
McKinsey estimaba que aproximadamente la mitad de las actividades laborales tenían potencial técnico de automatización; se refería a tareas, no a la mitad de los puestos de trabajo. Para mí, la pregunta decisiva sigue siendo a quién beneficia esa capacidad.
Si queremos que las personas compartan información con confianza, debemos darles razones y utilizar los datos con responsabilidad. También he reflexionado sobre cómo compartir datos puede generar más valor cuando se conecta el conocimiento de distintas organizaciones.
