Actualización
En marzo de 2016 compartí mis lecturas sobre mindfulness. Me interesaba la posibilidad de prestar más atención a lo que hacemos, reconocer el estrés y cuidar la manera en que tomamos decisiones. En mi artículo sobre entrenar la mente para trabajar y vivir plenamente desarrollé esa reflexión con más calma.
También leí a Chade-Meng Tan y me quedó una idea sobre la bondad en la vida profesional. No quería convertir la atención plena en una receta de productividad. Me preguntaba qué cambia en un equipo cuando quien lo dirige escucha, está presente y da espacio a los demás.
Un año después compartí la serie «Women CEOs in Silicon Valley». Me llamaron la atención sus preguntas sobre la inteligencia emocional, el acompañamiento de los equipos y el coste personal de emprender. Dirigir una empresa implica asumir responsabilidades grandes; por eso me parece necesario hablar tanto de las personas como de los resultados.
En esos mismos días volví a una pregunta sencilla: ¿sabemos para qué existe nuestra empresa? Si queremos motivar, tenemos que dar motivos, expresar una visión y trabajar con valores y objetivos que orienten las decisiones. Esa conversación sobre el propósito también conecta con mi reflexión posterior sobre bienestar y tecnología.
