Reflexión
En 2021 decía que la transformación digital apenas empezaba, aunque la expresión ya parecía gastada. No era una invitación a perseguir cualquier novedad, sino a mirar lo que todavía teníamos por aprender.
Primero, los modelos de negocio seguían cambiando. Las plataformas habían ganado peso frente a muchos productos; cada empresa debía decidir si podía integrarse en ese entorno o construir su propia propuesta.
Segundo, necesitábamos volver a poner a las personas y el propósito en el centro. Innovar por innovar no facilita la vida del consumidor si nadie ha entendido qué problema intenta resolver.
Tercero, la tecnología se estaba abriendo a formas de trabajo más colaborativas. La oportunidad estaba en conectar organizaciones y conocimientos, no en levantar otra frontera alrededor de lo que ya hacemos.
