Actualización
Estoy en contra de poner un impuesto a los robots. Creo que las sociedades capaces de aprovechar la automatización pueden ser más prósperas y libres; frenar su adopción nos arriesga a perder competitividad.
En el debate del Pacto de Toledo se plantearon fórmulas para financiar las prestaciones en un mercado de trabajo más automatizado, incluida la idea de gravar a las empresas que usan robots. Hablar de esa propuesta no significa que existiera un impuesto a los robots ya aprobado.
Mi posición es clara: en lugar de añadir impuestos a la innovación, deberíamos pensar cómo quitar obstáculos y preparar a las personas para participar en una sociedad más avanzada.
