Actualización
Millones de personas pasaron al trabajo remoto sin haberlo elegido ni preparado. No todo el mundo tenía una oficina en casa: había quien trabajaba desde una mesa compartida y quien improvisaba un rincón donde podía.
De ahí nació la idea de elegir el entorno que mejor permita trabajar, en casa, en la oficina o combinando ambos. El lugar cambia, pero la pregunta sigue siendo cómo coordinarnos y qué necesitamos para avanzar.
Por esas fechas compartí también una pregunta provocadora: ¿ha llegado el final de la lista de tareas? Un dato atribuido a usuarios de una herramienta concreta no basta para decretarlo. Una lista puede ayudar, pero no convierte por sí sola las tareas en resultados.
Para mí, medir productividad exige mirar lo que un equipo consigue, los obstáculos que elimina y la capacidad de colaborar. Acumular pendientes o contabilizar horas no cuenta toda la historia.
