Reflexión
En abril de 2020 no sabíamos cómo íbamos a salir de la crisis. Sí podíamos decidir cómo queríamos trabajar después: con culturas corporativas que valorasen la productividad y la conciliación por encima del tiempo de presencia.
Durante la desescalada me pregunté si el presencialismo volvería a imponerse. En mi opinión, desconfiar de alguien solo porque trabaja desde casa es un atraso. La confianza tiene que acompañarse de responsabilidades claras, no de vigilancia sobre una silla.
Teletrabajar no significa estar conectado veinticuatro horas ni trasladar la oficina a casa. Implica flexibilidad, digitalización y una forma de organizar el trabajo que permita responder por los resultados sin renunciar a la vida personal.
Los equipos de personas también deben innovar y poner al trabajador en el centro. Esta cuestión aparece en La experiencia de empleado es la brújula del trabajo híbrido.
