Reflexión
El uso de la inteligencia artificial y del big data por parte del Gobierno plantea una cuestión que va más allá de la eficiencia. En agosto de 2020 compartí un análisis de Hay Derecho sobre respuestas automatizadas durante la pandemia y el uso real de esas tecnologías en la Administración.
La tecnología puede agilizar tareas repetitivas y contribuir a ámbitos como la medicina o la predicción de desastres. En aquel análisis, sin embargo, varios ministerios reconocían que no estaban usando decisiones automatizadas ni big data en los términos sobre los que se les preguntó. Me parecía una distancia importante entre las posibilidades técnicas y su implantación.
En septiembre llevé la reflexión al terreno político. En mi opinión, la política como la entendíamos en los dos últimos siglos ya no existe: nos relacionamos con el mundo a través de una máquina y quienes controlan esas tecnologías acumulan poder.
Cuando la percepción determina el acceso a ese poder, también resulta fácil intentar manipular emociones y opiniones. Por eso me interesa preguntarnos quién usa los datos, con qué fines y bajo qué control ciudadano.
