Actualización
Compartí en LinkedIn una noticia sobre Scarlett Johansson y el uso de una imagen suya generada con inteligencia artificial en un anuncio. Según la información que comenté entonces, la actriz no había dado permiso para ese uso y sus abogados reclamaban por ello.
Más allá de los detalles de ese caso, me interesa la pregunta que deja abierta: ¿qué ocurre cuando una herramienta permite crear una imagen reconocible de alguien y utilizarla con fines publicitarios?
La capacidad técnica de producir una imagen no equivale a tener derecho a utilizarla. Creo que quienes desarrollan campañas con IA deben detenerse a pensar en el consentimiento de las personas representadas, no solo en la facilidad de generar la pieza.
Para mí, el debate sobre la IA generativa también pasa por el respeto a la propia imagen. La publicación original en LinkedIn recoge la noticia que motivó esta reflexión.
