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¿Qué parte de tu negocio es el ocre de 1929?

Rafael Tamames
Publicado originalmente en LinkedIn
Rafael Tamames, de espaldas y con chaqueta oscura, contempla desde un mirador los acantilados de ocre de Roussillon, en Provenza.

Actualización

Mientras paseo por Roussillon, un pueblo de Provenza donde hasta las casas son naranjas, me he puesto a pensar en que este pueblo vivió de un color 🤯.

En 1929 se sacaban de esta zona 40.000 toneladas de ocre al año.

En 1971 eran unas 2.000.

Hoy queda una cantera, a pocos kilómetros de aquí. Dicen que es la última en activo de Europa. Tiene permiso para sacar 800 toneladas al año.

Lo curioso es lo que lo mató. El ocre no se volvió peor, sigue siendo un pigmento buenísimo.

Pero a finales de los 40 la industria del caucho, uno de sus grandes clientes, empezó a usar derivados del petróleo. Y se acabó.

La disrupción le entró por la puerta de atrás: desde el negocio de su cliente.

¿Qué sobrevivió? La cantera, convertida en un producto premium. Una antigua fábrica que hoy es un conservatorio del color y ya ha formado a más de 10.000 alumnos. Y un montón de turistas paseando por las canteras abandonadas, como estoy haciendo yo ahora mismo.

Esto lo veo cada semana con la IA en empresas de servicios. Tu servicio no va a empeorar. El riesgo es que tu cliente deje de necesitarlo tal y como se lo vendes hoy.

Soy opti-realista. Aquí el valor no desapareció, cambió de sitio: al saber hacer, a enseñarlo y a vivirlo.

La pregunta que yo llevaría esta semana a cualquier comité de dirección:

¿Qué parte de tu negocio es el ocre de 1929? ¿Y cuál puede ser tu conservatorio?

Para los curiosos

La última cantera es de la Société des Ocres de France, en Département de Vaucluse. En 1973 pidió el cierre con la cartera de pedidos vacía. La compró un albañil jubilado, la reorientó hacia la construcción y hoy es una pyme familiar de cuarta generación.

Lo que más me ha llamado la atención es que no ganaron vendiendo más barato que el pigmento sintético. Se fueron justo al revés.

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