Resumen
Resumen editorial
Tras la victoria de la selección española en el Mundial 2023, Rafael Tamames analiza la brecha de patrocinio entre el fútbol femenino y masculino, y el papel pionero de Iberdrola.
Actualización
El fútbol femenino español vuelve a hacer historia. Enhorabuena, campeonas del mundo. El deporte tiene en los patrocinios empresariales a sus grandes aliados: el caso de Iberdrola, con más de 20 millones de euros invertidos en la RFEF en siete años, es un ejemplo de visión y estrategia establecida hace años.
Sin embargo, los ingresos por patrocinios en el Mundial femenino de 2023 se estiman en torno a los 300 millones de dólares, mientras que el masculino alcanzó ingresos casi seis veces superiores. Es la evolución de un mercado potencial en crecimiento frente a otro ya asentado. El femenino solo podrá equipararse al masculino si la sociedad amplía su visión del deporte, con el mismo reconocimiento e inversión en valores y educación. El potencial está claro: según el CSD, el deporte federado femenino crece a un ritmo superior en cuatro puntos al de los hombres.
Al día siguiente volví sobre el tema. Iberdrola había sostenido su apoyo al deporte femenino durante casi una década y, a mi juicio, logró asociar ese trabajo con su propósito de «crear valor para la sociedad». Ese reconocimiento no nace de una campaña aislada, sino de la consistencia. También quise destacar que otras quince empresas aportaban dinero o servicios a la selección: el crecimiento del fútbol femenino necesita ese apoyo continuado de más patrocinadores.
