Reflexión
En 2020, cuando la tecnología pasó a sostener tantas conversaciones y jornadas de trabajo, eché de menos algo muy sencillo: el reconocimiento entre compañeros. Sin la presencialidad, un agradecimiento o un gesto de apoyo necesita encontrar también su lugar en los espacios digitales de la empresa.
Para mí, la empresa del siglo XXI no se define solo por las herramientas que instala. Necesita cuidar los vínculos de sus equipos y aprender a reconocer el trabajo cuando cada persona está en un lugar distinto. Esa cercanía no debería perderse por cambiar de pantalla.
Un artículo de Telefónica me llevó a ampliar la pregunta hacia el futuro del empleo. Las habilidades digitales y sociales, la formación continua y modelos de trabajo más flexibles merecen un lugar en la conversación, junto con el impacto de la inteligencia artificial.
Quiero empresas capaces de actualizar sus capacidades sin olvidar a quienes las hacen posibles. La tecnología nos ayuda a trabajar de otra manera; el reconocimiento y el aprendizaje nos ayudan a hacerlo juntos.
