Resumen
Resumen editorial
La distancia entre comprar una licencia de IA y rediseñar un proceso completo explica por qué la adopción tecnológica todavía no se traduce en impacto financiero para la mayoría de las empresas.
Actualización
La semana pasada caminaba por la playa de Areas, en Sangenjo, con un amigo CEO. Justo en ese momento en el que la ría de Pontevedra sale de un día nublado y sale un sol precioso.
Nos paramos a mirar el mar un rato, sin hablar.
Hablamos de todo y, cómo no, de IA. Y como mi cabeza no para :), en algún momento le pregunté:
> «¿Qué proceso has rediseñado con Copilot desde que lo comprasteis?»
Se quedó mirando el mismo horizonte, pero ya no lo veía. Estaba pensando en la respuesta.
Y la respuesta era: ninguno.
Ese silencio, delante del mismo mar de siempre, es el 94% del mercado.
McKinsey le ha hecho la misma pregunta a 1.719 ejecutivos en 97 países, dos años seguidos. La cifra de empresas que ven impacto real en su cuenta de resultados: 6%.
En 2025. En 2026. Exactamente igual. Ni una décima de diferencia.
Copilot ha superado los 30 millones de asientos de pago. Azure ha superado los 100.000 millones de dólares anuales. Y el resultado agregado en EBIT ha bajado, no subido: del 39% al 37%.
Aquí está el dato que a mí me hizo detenerme, igual que en aquella playa: ese 6% no crece, pero tampoco se conforma mirando el mismo paisaje.
Dentro de ese club, el porcentaje que ha rediseñado sus flujos de forma fundamental ha pasado del 55% a casi tres cuartas partes en un año.
El club no se hace más grande. Se hace más radical. Ve más en el mismo mar.
A esto lo llamo la **Brecha de Rediseño**: la distancia entre comprar la licencia y rediseñar el proceso.
Y es la misma distancia que separaba, hace diez años, comprar un CRM de venderle más a los clientes con él.
La herramienta nunca fue el problema. Nunca lo es.
Lo que estamos viendo en los más de 50 despliegues de IA agéntica que analiza McKinsey QuantumBlack se reduce a cuatro decisiones, no a una integración técnica:
- Mapear el flujo completo, no el agente que se va a instalar en un paso de ese flujo.
- Decidir con criterio dónde un agente aporta y dónde estorba.
- Verificar cada paso del proceso, no solo el resultado final.
- Diseñar a propósito la colaboración entre humano y agente, en vez de dejar que ocurra sola.
Ninguna de estas cuatro decisiones la toma un proveedor de software. Las toma quien gobierna la organización.
¿Qué proceso vas a rediseñar tú esta semana de septiembre, no qué licencia vas a comprar?







