Reflexión
Los influencers ganaron espacio en las estrategias de comunicación de muchas marcas al mismo tiempo que las redes sociales se hacían parte de la vida diaria. En septiembre de 2020 me preguntaba qué pasaba cuando una fórmula cada vez más utilizada empezaba a desgastarse.
Una recomendación puede acercar una marca a personas que confían en quien la comparte. Pero acumular seguidores o repetir colaboraciones no garantiza esa confianza. La masificación del fenómeno me llevaba a mirar con más interés a los perfiles pequeños y a la credibilidad de su relación con la audiencia.
En octubre volví a la cuestión al observar que algunos nombres antes dominantes perdían influencia. Para muchos, pensaba, se terminaba la época de las «gallinas de los huevos de oro». No era el fin de la recomendación, sino una invitación a distinguir impacto real de popularidad aparente.
Si una marca trabaja con creadores, debería preguntarse qué vínculo existe con sus comunidades y qué conversación puede aportar. El tamaño del perfil no sustituye una relación relevante.
