Actualización
Mi compañero José Ramón López Grañeda escribió una columna sobre el agotamiento laboral que merece detenerse a pensar. La pandemia hizo más visible un problema que ya estaba ahí: hemos dedicado demasiado esfuerzo a medir objetivos y demasiado poco a cuidar a las personas que deben alcanzarlos.
El confinamiento, el trabajo remoto impuesto y la pérdida de límites entre la vida personal y la profesional añadieron presión. No sabemos todavía qué forma acabará tomando el trabajo híbrido, pero sí que repetir los hábitos anteriores no resolverá el desgaste.
El liderazgo tiene que reconocer ese problema y actuar sobre la cultura de la organización. Un propósito compartido importa cuando cada colaborador entiende su papel y puede trabajar sin sacrificar su salud para cumplir una expectativa imposible.
