Reflexión
La crisis sanitaria puso a prueba a las empresas y, sobre todo, a sus equipos y líderes. Ante un escenario nuevo no teníamos todas las respuestas. Sí podíamos decidir cómo adaptarnos y dónde poner a las personas.
En julio de 2020 defendía que no aprender a movernos en la nueva normalidad podía dejar fuera de juego a muchos negocios. Reinventar la empresa exige también reinventarnos como profesionales, sin olvidar que una situación difícil afecta a personas concretas, no solo a resultados.
Meses después volví a esa idea al hablar de las habilidades humanas. La curiosidad, la flexibilidad y la capacidad de colaborar ganaban peso para quienes tenían que decidir en medio de la incertidumbre.
Mi apuesta es un liderazgo que escuche, aprenda y resista sin convertir la resiliencia en una exigencia vacía. Adaptarse es una oportunidad cuando el equipo puede participar en el cambio.
