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Robots, empleo y democracia

Por lo general, los cambios tecnológicos producidos hasta ahora sustituyen tipologías de empleos repetitivos, no personas. Todos los estudios así lo demuestran hasta la fecha, pero estos datos venden menos titulares. Además siempre crean nuevas oportunidades de trabajo. Por ejemplo, en el caso de los medios de comunicación todo el mundo lloró el fin de los trabajos en la imprenta, pero nadie se acuerda de la gente que trabaja detrás de las sitios web que visitamos todos los días, estos puestos de trabajo se han creado a raíz del cambio tecnológico.

Al final lo que se observa es una sustitución, desaparecen unos trabajos, se crean otros nuevos y hay una tasa de sustitución lógica y unos periodos de transición como en cualquier gran cambio tecnológico.

Además de producir nuevos empleos, la tecnología también está cambiando y cambiará aún más la naturaleza del trabajo. En EEUU se calcula que dentro de 10 o 15 años el 80% de los trabajadores serán freelance, con un trabajo desintermediado. De esta manera, cambia la disposición, la flexibilidad, y sobre todo las tareas repetitivas se van a eliminar dejando tiempo a empleos más creativos o más estratégicos.

La realidad nos está mostrando que todo lo relativo a la inteligencia artificial empieza a ir ya mucho más allá. No sólo se trata de que los robots de nuestra era sean capaces de reemplazar posiciones operativas, sino que además comienzan a estar preparados para asistir gran parte de las tareas intelectuales y cognitivas que antes tomábamos como exclusivamente humanas.

Ajustarse a esta nueva situación requiere adquirir otras capacidades que hasta ahora no eran necesarias. Desaprender de lo aprendido y amoldarnos a la nueva realidad, para lo que es fundamental la conectividad, no sólo entendida como la conexión entre las personas o entre las máquinas sino también como la capacidad de interacción entre ambas.

Como vemos, la educación será crucial, tanto en términos de empleo como de administración de la tecnología, que nos está exigiendo un cambio de mentalidad en cuanto a cómo se forman las personas y cómo se forman los profesionales. Debemos desarrollar nuevas formas de educación que destierren de una vez por todas todo lo que tiene que ver con memorización, y tengan que ver más con pensar y tener conciencia crítica.

Desde otro punto de vista, los más pesimistas hablan de una posible precarización del trabajo. Yo soy optimista, como Steven Pinker, en el sentido de que en general el mundo va cada vez mejor, la tasa de pobreza es cada vez menor y los países que se centren en la educación y la tecnología la reducirán aún más. Aunque la problemática también se puede plantear desde el punto de vista de la desigualdad: los incluidos versus los excluidos por la tecnología. El economista, Pedro Schwartz, dice que no le importa la desigualdad porque no es envidioso, lo que le preocupa la pobreza. La desigualdad como término es peligroso. La desigualdad entendida como que hay personas que ganan más o menos no me preocupa. 

El avance de la tecnología también nos plantea retos en materia de ética y seguridad. Aquí tenemos que apoyarnos mucho en las instituciones y la democracia. El problema no es la tecnología en sí, sino el uso que se haga de la tecnología, que debe ser entendida como un medio no como un fin. Tiene que haber instituciones fuertes, que sepan controlar este tipo de aspectos como los han controlado siempre.

El tema de la protección de la privacidad siempre ha sido una batalla difícil de librar, lo que pasa es que ahora es exponencial. La ventaja es que ahora tenemos herramientas tecnológicas mucho más avanzadas para poder detectar un fraude.

Son los Estados los que, legislando menos, pero actuando más, teniendo más conciencia del mundo en el que vivimos tienen que trabajar por ser conscientes de las nuevas tecnologías. Cuantos más organismos independientes haya, más fiabilidad habrá en los datos y así nadie tendrá que sacar datos a favor o en contra. Y eso es lo que nos va a traer las nuevas tecnologías como el blockchain, que nos dará mayor seguridad para saber si los datos son correctos.

Hoy ya contamos con ventajas aportadas por la tecnología como presupuestos participativos y otros mecanismos de transparencia de la data pública que hay que empezar a aprovechar más. Y son las personas y los medios de comunicación los que tienen que empujar para que todos los procesos sean más transparentes.